El amor está sobrevalorado.

 

Que nadie te diga a quién tirarte o no, que seas sólo tú quién lo decida. Que no te importe lo que los demás digan o piensen sobre ello. Si te llaman puta, zorra o guarra por follarte a quien quieres y te apetece, es su problema, no el tuyo. Sólo son etiquetas que pone la gente sin nada mejor que hacer que preocuparse por las vidas ajenas.

 

Si te apetece, fóllatelo.

Si tienes ganas, repite.

Si te etiquetan, ¡qué les den!

 

Haz  lo que quieras, cuándo quieras, dónde quieras y con quién quieras.