Llueve fuera y llueves dentro.

Los recuerdos me inundan empañando la ventana

y el vaho me impide ver más allá

de los días en los que todavía estabas con nosotros.

 

Tu recuerdo pasea con mi cabeza para recordarme

lo mucho que te echo de menos cada día.

Ojalá no te hubieras ido nunca.

 

Otras épocas fueron mejores,

con tu sonrisa iluminando mis días.