Desnudar el corazón por primera vez ante otra persona aterra. No sabes si se van a reír de tus miedos o si van a abrazar tus defectos.

Esa primera persona consigue entrar dónde nadie ha estado nunca. Roza tus sentimientos, los sacude y los acaricia. Te enseña a adorar manías, a compartir sueños y a robar sonrisas privadas que sólo pertenecen a dos.

Y, entonces, es cuando dejas de sentirte insignificante. Cuando te empiezas a querer más ya que te acompaña en tu vuelo y te da alas para vivir y amar.

Es una sensación maravillosa, dure el tiempo que dure. Jamás dejes que las cosas malas empañen ese sentimiento de invencibles que os acompañó durante vuestro recorrido juntos.