Tu mirada gris se esfumó

junto a tu último aliento.

 

La pena lo llenó todo,

me inundó al marcharte,

pero tengo la gran satisfacción

de haber disfrutado muchos años,

de atesorar sólo buenos recuerdos.

 

Ni siquiera nuestra despedida fue mala:

nuestra última conversación agarradas de la mano,

nuestro último abrazo, nuestros últimos besos,

nuestras últimas palabras: “quérote” “e eu a ti“.